El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), que cumplió cinco años, ha sido un pilar fundamental en la integración económica de Norteamérica, pero no está exento de controversias. A pesar de su objetivo de modernizar el antiguo TLCAN y fomentar el libre comercio, el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado reiteradamente su crítica, culpándolo del declive industrial en su país. Esta visión contrasta con los datos que a menudo resaltan el aumento del comercio trilateral y la resiliencia de las cadenas de suministro regionales, especialmente en sectores como el automotriz.
Una de las claves para entender el TMEC radica en sus mecanismos de resolución de controversias y en las regulaciones más estrictas en áreas como las reglas de origen, particularmente para la industria automotriz, que buscan incentivar la producción dentro de la región. Otra clave es la inclusión de capítulos sobre temas laborales y ambientales, que no estaban presentes en el TLCAN y que buscan garantizar condiciones más equitativas y sostenibles. Finalmente, el impacto diferenciado en cada país miembro y la percepción política del tratado, especialmente desde Washington, son cruciales para comprender la dinámica actual y futura de este megatratado.


